1000 resultados para El Escorial-Descripció
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Varias fotografías ilustran las actividades realizadas
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Se adjuntan dos fotografías ilustrativas de los restos encontrados en las tumbas
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Se presenta una propuesta de itinerario didáctico realizada para comprender el despotismo ilustrado, a través de un espacio urbano que ejemplifica fehacientemente las formas y maneras de actuar de esta época: la villa real de San Lorenzo de El Escorial. El modelo presentado se adhiere a la metodología integradora del aprendizaje por recepción significativa y del aprendizaje por descubrimiento. Se ha elaborado igualmente una guía didáctica con actividades diseñadas a partir de preguntas relevantes, con la finalidad de que los alumnos traten de averiguar las respuestas a la problemática propuesta a través de la observación y el análisis, pero contando al mismo tiempo con la información de apoyo necesaria para la resolución de la tarea .
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El artículo lleva a cabo una revisión de las formas de la generosidad presentes en los tres poemas que componen el Ms. K-III-4 de la Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial (Libro de Apolonio, Vida de Santa María Egipciaca, Libre dels tres reys d'Orient), para dar cuenta -a través de las referencias compartidas, los motivos comunes y las configuraciones similares- de la organización unitaria del códice y de su singularidad
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El artículo lleva a cabo una revisión de las formas de la generosidad presentes en los tres poemas que componen el Ms. K-III-4 de la Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial (Libro de Apolonio, Vida de Santa María Egipciaca, Libre dels tres reys d'Orient), para dar cuenta -a través de las referencias compartidas, los motivos comunes y las configuraciones similares- de la organización unitaria del códice y de su singularidad
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El artículo lleva a cabo una revisión de las formas de la generosidad presentes en los tres poemas que componen el Ms. K-III-4 de la Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial (Libro de Apolonio, Vida de Santa María Egipciaca, Libre dels tres reys d'Orient), para dar cuenta -a través de las referencias compartidas, los motivos comunes y las configuraciones similares- de la organización unitaria del códice y de su singularidad
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Port. a dos tintas
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Es suficientemente conocido el viaje que realizó Alvar Aalto a España en 1951, para impartir conferencias primero en Barcelona y después en Madrid. Aquella visita tuvo entonces gran influencia en nuestro país y, posteriormente, con efectos retardados, en la década de los sesenta. Aunque, lógicamente, las mencionaremos, no pretendemos incidir en cuestiones ya tratadas por otros autores como, por ejemplo, su negativa a contemplar una arquitectura que le distrajese de su quehacer edilicio habitual, como fue la Sagrada Familia, El Escorial, la Plaza Mayor de Madrid o el edificio del Museo del Prado; o su gusto por la arquitectura popular que tuvo ocasión de ver y dibujar en aquel viaje; sino intentar buscar las razones que le indujeron a elogiar el que parece ser el único edificio que le interesó: la Facultad de Ciencias Físicas y Químicas de la Ciudad Universitaria de Madrid, obra de Miguel de los Santos.
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Si bien se han ido realizando análisis sistemáticos desde el punto de vista arquitectónico de los diferentes jardines nacionales europeos, el jardín clásico español, a pesar del importante incremento de bibliografía operado en la última década, no ha sido todavía estudiado desde los criterios compositivos y espaciales propios de la disciplina arquitectónica. Responde el jardín clásico español a una organización perspectiva que proviene de las construcciones espaciales originadas y desarrolladas en Italia durante los siglos XV y XVI; establece, además, una importante conexión con la arquitectura de jardines contemporánea, es decir, las grandes corrientes europeas –desde el jardín renacentista italiano al barroco francés-, que asume, interpreta e incluso supera en cuanto a organización unitaria e integración con su entorno en varios ejemplos señeros. Pero esta imbricación europea se ve puntualizada por una influencia primordial: el concepto islámico del espacio arquitectónico, caracterizado por la fragmentación y la pérdida de la axialidad, que en España se extiende de forma generalizada. Fusionada con los principios perspectivos provenientes de Italia, esta concepción espacial proporciona a los jardines –y demás edificios- una gran riqueza espacial que, poco analizada y mal comprendida, se ha considerado habitualmente como falta de pericia compositiva. Este hecho ha negado a los jardines españoles originalidad alguna –otorgada, en cambio, a los hispanomusulmanes- y una clasificación periférica en la historia de la disciplina. El jardín clásico español presenta tres etapas principales: una primera, durante los siglos XVI y XVII, que se podría denominar renacentista; una segunda, en la primera mitad del siglo XVIII, de ascendencia barroca francesa, y, por último, en la segunda mitad del Ochocientos, el jardín neoclásico, que en buena medida retoma la organización formal de la primera etapa renacentista. Las tres influencias preponderantes en el jardín renacentista español son la hispanomusulmana, procedente de la ocupación islámica en España desde el siglo VIII hasta el XV, cuya estela se mantiene durante todo el desarrollo del jardín clásico; una flamenca, de menor calado y cuyo origen está en los contactos políticos de la corona española con Flandes, y, por último, la italiana, de donde procederá la espacialidad perspectiva propia del Renacimiento, extendida por toda Europa y conocida en España asimismo por vínculos políticos y culturales. El jardín hispanomusulmán va a proporcionar los rasgos distintivos de la jardinería española posterior, derivados de la necesaria adaptación compositiva a un medio físico poco idóneo para la implantación de jardines. Esta cuestión se soluciona tradicionalmente de forma perfecta con el patio y el apoyo de una serie de elementos arquitectónicos de carácter ligero articulados aleatoriamente con la vivienda para organizar su entorno, operación que produce un organismo superior asimétrico y estructurado a partir de pequeños fragmentos ordenados por ejes quebrados, cuyo crecimiento no presupone un cambio en las cualidades espaciales del jardín. Esta ordenación quebrada y la fragmentación espacial tienden a embarazar la unidad perspectiva renacentista, de tal forma que el jardín español no presenta grandes ejes visuales ni espacios fugados, sino pequeñas piezas independientes –adaptadas mejor a la corrección climática y al riego- que se agregan sin intención de regularidad o simetría, pues buscan la ambigüedad espacial mediante la ofuscación de la percepción y orientación en el jardín, como sucedía en las obras hispanomusulmanas. El jardín renacentista español tendrá una doble vertiente dependiendo del medio físico donde se asiente: si este es poco propicio a la implantación de jardines, se recuperará la ordenación espacial medieval musulmana como respuesta compositiva a dicho entorno remiso, pues los ensayos de jardines basados en elementos arquitectónicos, ante la dificultad de estructurar el espacio del jardín en España con las componentes naturales –topografía, vegetación y agua-, se realizaron con éxito y se reutilizaron en siglos posteriores, e incluso alcanzan el momento actual; contemporáneamente, en territorios propicios a la creación de jardines –generalmente, riberas de ríos-, se podrá desarrollar el espacio perspectivo unitario italiano, que producirá ejemplos de gran calidad. Así, Felipe II creará de forma simultánea jardines muy diferentes según su ubicación. Entre los de carácter más medieval destacan los del Alcázar de Madrid y Valsaín –con el antecedente de Yuste, promovido por Carlos V-, y de los plenamente renacentistas, la Casa de Campo, El Escorial y Aranjuez, éstos últimos de Juan Bautista de Toledo. Los dos primeros se organizan con varios recintos independientes articulados por ejes quebrados y ordenados a partir de elementos ligeros –galerías, torreones, miradores- que se proyectan hacia el exterior para dar forma al entorno inmediato del palacio. Los últimos, en cambio, utilizan las posibilidades del medio natural para estructurar los jardines, y establecen magníficos ejes de raigambre renacentista, origen de espacios perspectivos unitarios de gran interés, dado su tamaño y temprana fecha de creación. Así, en la Casa de Campo la villa se articula con un jardín llano cuya unidad espacial no tiene parangón en la Italia del momento; en Aranjuez, el Jardín de la Isla, independiente en su trazado del palacio que lo propicia, presenta una superposición de dos ejes con gradientes en sentido contrario, y una ordenación a escala territorial, las Huertas de Picotajo, con una malla focalizada de doble simetría adaptada a un difícil meandro del río Jarama y con capacidad de extensión ilimitada en la vega de Aranjuez, que es contemporánea pero mucho más evolucionada que los primeros tridentes creados en Italia y anterior en un siglo a las formalizaciones de Versalles. Frente a estas realizaciones reales, en España los jardines nobiliarios responden a una clara influencia medieval, como los del duque de Alcalá en Bornos, el marqués de Mondéjar, Bellaflor en Sevilla, la Casa del Rey en Arganda o el cigarral de Buenavista en Toledo. Pero en paralelo con éstos y promovidos por nobles conectados con Italia, se están implantando jardines de hispanomusulmana-, en fechas incluso anteriores a los construidos por la corona. Así, el marqués de Villena construye en Cadalso de los Vidrios un jardín con una tempranísima ordenación en terrazas que se integra con su entorno; el duque de Alba en Abadía realiza la misma operación con mayor desarrollo espacial; y en Béjar por el duque de esta ciudad salmantina se establece otro jardín de clara espacialidad italiana, pero con la casa fuera de la ordenación. El siglo XVII supone, en los escasos ejemplos construidos, la prolongación de la espacialidad renacentista introducida por Juan Bautista de Toledo. Hay una clara continuidad en los jardines aterrazados, como La Zarzuela y La Florida, mientras en el ejemplo llano principal, el Buen Retiro, se atiende más a la fragmentación hispana y a una adaptación de los sistemas de extensión al aumento de escala. Así había sucedido en Italia, donde los jardines de malla ortogonal se convirtieron en grandes parques focalizados, con avenidas arboladas y remates perspectivos, elementos que se repiten en el jardín madrileño, aunque sin la unidad conseguida en los precedentes mediante la focalización. El siglo XVIII va a conocer la nueva dinastía de los Borbones y el jardín barroco francés, que supondrá un cambio radical en la concepción espacial del jardín, aunque la influencia hispana no dejará de producirse. El tamaño de estos jardines, su coste de implantación y mantenimiento y la falta de adaptación al medio físico español serán los factores principales del escaso desarrollo que el jardín de Le Nôtre alcanzó en España. A pesar de los proyectos realizados - algunos de gran calidad, como los de Robert de Cotte para el Buen Retiro, los del Palacio Real Nuevo, el de Riofrío y el del castillo de Villaviciosa de Odón-, sólo se van a construir escasos parterres de los denominados urbanos. Entre ellos hay que destacar los del Buen Retiro, Aranjuez y palacios de Liria, Buenavista y Altamira en Madrid, Piedrahita para los duques de Alba, el convento de Santa Bárbara, Migas Calientes –algunos de éstos quedaron en proyecto-, a los que se añade un gran jardín con todos los componentes, que es San Ildefonso de La Granja. En La Granja se puede encontrar un parque completo a la francesa, que responde en mayor medida a los principios establecidos en el tratado de Dezallier d'Argenville que a la influencia directa de las obras de Le Nôtre. Pero la ordenación canónica de jardín barroco francés se particulariza mediante los dispositivos proyectuales de origen hispano, pues se desjerarquizan los ejes principales impidiendo su continuidad, que queda truncada por desarrollos paralelos, interrupciones perspectivas y ejes quebrados. En la segunda mitad del siglo XVIII, los propios monarcas Borbones recuperarán los jardines regulares de los Austrias, cuyos tipos llano y aterrazado tuvieron un importante desarrollo con Felipe II y Juan Bautista de Toledo y gozaban de un merecido prestigio. Ya con Fernando VI se introdujeron ordenaciones de inspiración renacentista, como en el Jardín del Príncipe de Aranjuez; pero será con su hermano Carlos III cuando se revisen las actuaciones filipinas. Juan de Villanueva fue el autor de los principales jardines del momento -entre ellos, las Casitas realizadas para el príncipe de Asturias, el futuro Carlos IV y su hermano el infante Don Gabriel- aunque Ventura Rodríguez realizó en esos años un magnífico epílogo del jardín aterrazado en España: el palacio para el infante Don Luis en Boadilla del Monte, así como proyectos para el parque del Palacio Real Nuevo. En las Casitas de El Escorial –en menor medida en El Pardo-, Villanueva recoge una larga tradición de jardines aterrazados que, además, inserta magistralmente en su entorno, dentro de la secular tradición española de adaptación al medio físico. Lejos de presentar una lectura canónica, aunque utilizando todos los recursos del tipo, el arquitecto consigue la ambigüedad espacial hispana mediante la superposición en el eje longitudinal de dos gradaciones de dirección contraria, accesos quebrados e interrupción de las visuales y el viario, sin prescindir de una ordenación clásica. También de Villanueva son el proyecto definitivo del Jardín Botánico, de gran claridad compositiva y orden científico, y, para el Palacio Real Nuevo y su entorno, el jardín previo a las Reales Caballerizas y una remodelación de la Casa de Campo y su acceso.
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We aimed to quantify fatigue frequency and evolution in amyotrophic lateral sclerosis (ALS), and to correlate fatigue with factors such as age, sex, educational level, disease duration, functionality, quality of life, dyspnoea, depression and sleepiness. Sixty ALS patients (test group: TG) selected by El Escorial criteria and 60 normal individuals (control group: CG) matched according to sex and age, were followed every three months, during 9 months, by means of self-report scales: Fatigue Assessment Instrument (Fatigue Severity Scale plus three qualitative subscales); ALS Functional Rating Scale; McGill Quality of Life Questionnaire; dyspnoea analogical scale; Beck Depression Inventory and Epworth Sleepiness Scale. Fatigue was reported by 83% of TG (median: 3.6, interquartile range 1.5-5.4), compared with 20% of CG (median: 1, 1 - 1), and was significantly greater in the TG (p < 0.001, Mann-Whitney test). Fatigue severity increased by the ninth month of the study (p=0.0008, Friedman, Muller-Dunn post test). There was no correlation between fatigue and other parameters, except for an inverse correlation with age at disease onset (p=0.0395, Spearman rank correlation). In conclusion, fatigue was frequent in ALS, greater in the youngest patients and worsened during follow-up. Possibly, ALS related fatigue is an independent factor, which deserves individualized approach and treatment.
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BACKGROUND: Recombinant human insulin-like growth factor I (rhIGF-I) is a possible disease modifying therapy for amyotrophic lateral sclerosis (ALS, which is also known as motor neuron disease (MND)). OBJECTIVES: To examine the efficacy of rhIGF-I in affecting disease progression, impact on measures of functional health status, prolonging survival and delaying the use of surrogates (tracheostomy and mechanical ventilation) to sustain survival in ALS. Occurrence of adverse events was also reviewed. SEARCH METHODS: We searched the Cochrane Neuromuscular Disease Group Specialized Register (21 November 2011), CENTRAL (2011, Issue 4), MEDLINE (January 1966 to November 2011) and EMBASE (January 1980 to November 2011) and sought information from the authors of randomised clinical trials and manufacturers of rhIGF-I. SELECTION CRITERIA: We considered all randomised controlled clinical trials involving rhIGF-I treatment of adults with definite or probable ALS according to the El Escorial Criteria. The primary outcome measure was change in Appel Amyotrophic Lateral Sclerosis Rating Scale (AALSRS) total score after nine months of treatment and secondary outcome measures were change in AALSRS at 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 months, change in quality of life (Sickness Impact Profile scale), survival and adverse events. DATA COLLECTION AND ANALYSIS: Each author independently graded the risk of bias in the included studies. The lead author extracted data and the other authors checked them. We generated some missing data by making ruler measurements of data in published graphs. We collected data about adverse events from the included trials. MAIN RESULTS: We identified three randomised controlled trials (RCTs) of rhIGF-I, involving 779 participants, for inclusion in the analysis. In a European trial (183 participants) the mean difference (MD) in change in AALSRS total score after nine months was -3.30 (95% confidence interval (CI) -8.68 to 2.08). In a North American trial (266 participants), the MD after nine months was -6.00 (95% CI -10.99 to -1.01). The combined analysis from both RCTs showed a MD after nine months of -4.75 (95% CI -8.41 to -1.09), a significant difference in favour of the treated group. The secondary outcome measures showed non-significant trends favouring rhIGF-I. There was an increased risk of injection site reactions with rhIGF-I (risk ratio 1.26, 95% CI 1.04 to 1.54). . A second North American trial (330 participants) used a novel primary end point involving manual muscle strength testing. No differences were demonstrated between the treated and placebo groups in this study. All three trials were at high risk of bias. AUTHORS' CONCLUSIONS: Meta-analysis revealed a significant difference in favour of rhIGF-I treatment; however, the quality of the evidence from the two included trials was low. A third study showed no difference between treatment and placebo. There is no evidence for increase in survival with IGF1. All three included trials were at high risk of bias.