1000 resultados para economia social
Resumo:
Ante la severidad de la pobreza imperante en América Latina, los mandatarios de los países de la región, en una reunión en el año 2000 (Cumbre del Milenio) organizada por las Naciones Unidas,acordaron como prioridad inmediata la reducción de la pobreza extrema a nivel mundial. El gobierno del presidente Abel ha sido parte de este compromiso dando prioridad al combate a la pobreza mediante sus “políticas sociales”, por ello pretendemos en nuestro trabajo realizar una evaluación de la estrategia propuesta por el mismo, con el fin de ver si se han cumplido o no los objetivos y las metas propuestas en el “Plan Nacional de Desarrollo” y “Plan Vida Nueva”.
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Mestrado em Marketing
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Doutoramento em Finanças.
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La reforma estructural de las pensiones de la seguridad social es un tema de debate internacional y América Latina ha sido pionera en dicha reforma, tiene una experiencia acumulada de dos décadas y ha ejercido una influencia importante en otras regiones del mundo. Este artículo recopila información legal y estadística sobre dicha reforma en diez países latinoamericanos, con el fin de acometer tres tareas: (I) analizar los tres modelos generales diversos seguidos y apuntar las características de las reformas entre los países;(II) evaluar el desempeño de la reforma contrastándola con nueve supuestos convencionales sobre sus efectos (en la cobertura, el pago de las cotizaciones, la competencia y el costo administrativo, el impacto en el ahorro nacional, el rendimiento de la inversión, etc); y (III) extraer lecciones de estas reformas que sean útiles para la región y otros países.
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Durante las dos últimas décadas del siglo XX los diferentes países de América Latina tuvieron que hacer frente a diferentes períodos de crisis en el ámbito económico y a un estancamiento o caducidad de los modelos de desarrollo que se venían aplicando hasta ese momento. La respuesta inmediata por parte de las naciones afectadas fue someterse a una serie de programas de ajuste estructural, siguiendo en ese sentido los lineamientos dados por los organismos financieros internacionales.Lo antes expuesto implicó el replanteamiento de los modelos de desarrollo y del papel del Estado, lo que necesariamente repercutió en la política social, que tuvo que hacer frente, entre otras cosas, a una disminución del gasto en materia de programas sociales. Dentro de este contexto se vio la necesidad de priorizar grupos de población y canalizar los limitados recursos hacia los sectores sociales que se encontraban en una condición de pobreza más aguda o que se habían visto más afectados por la crisis económica y por los programas de ajuste estructural.
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La economía se presenta a menudo como la ciencia social más madura y exacta, capaz de orientar acciones, realizar pronósticos, explicar el pasado. Todo ello de una manera, si no impecable, sí satisfactoria a grandes rasgos. Ya lo dijo Popper de manera poco cautelosa: "El éxito de la Economía Matemática muestra que por lo menos una ciencia social ha pasado por su revolución newtoniana" (Popper, 1957, 74). También goza la economía de buenas referencias en lo que atañe a su genealogía y tradición intelectual: algunas de sus máximas tienen un respetable pedigrí de más de dos siglos. Por otra parte, sus argumentaciones más preciadas suelen presentarse en la alta sociedad académica vestidas con formalismos matemáticos aparatosos, cuando no espectaculares. A primera vista parece, pues, hallarse en un estado muy saludable, bien orientada en cuanto a bases y perspectivas. Luego no es de extrañar que sea motivo de envidia y de imitación por parte de investigadores de campos vecinos que también aspiran a entender cómo funcionan los seres humanos en sociedad.El resultado final es un texto un tanto híbrido, a medio camino entre el ensayo de divulgación y las notas de clase. De todos modos, aunque sus objetivos sean modestos en lo que se refiere a rigor y originalidad, confío en que cumpla en alguna medida el cometido asignado, a saber, sugerir e incluso provocar. Deseo puntualizar, por último, que algunas de las ideas aquí expuestas se hallan argumentadas de forma más sistemática y cuidada en el artículo "Teoría económica y enfoque de la reproducción" (in Febrero, ed., Qué es la economía, Madrid, Pirámide, 1997, págs. 241-269), así como en mis libros Filosofía de la economía (Barcelona, Icaria, 1992) y Economía política radical (Madrid, Síntesis, 1998).
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El tiempo importa. Esta frase aunque simple resume un complejo debate al interior de la disciplina económica. De un lado, es discutible cualquier valoración de los flujos futuros de utilidad o ingreso a partir de la información presente. El tiempo es cambio y transformación. De allí que algunos economistas cuestionen seriamente la posibilidad de determinar las tasas de explotación óptimas de los recursos naturales asumiendo homogeneidad en las series temporales, mediante correcciones de los valores futuros por una tasa de descuento. Por otro lado, no se puede negar que las personas valoran las recompensas y los castigos dependiendo del momento en el cual los obtengan o los sufran. Un niño expresa una alta preferencia por obtener el objeto de su deseo inmediatamente y preferiría dilatar la fecha de un castigo. Por su parte, un gobierno promueve la explotación rápida del petróleo del subsuelo, entre tanto, una comunidad indígena prefiere dejarlo bajo la madre tierra. Todos estos ejemplos muestran que es necesario, por lo menos, como una primera aproximación entender el problema de la impaciencia o el descuento temporal. El punto es tan crucial que Frank Ramsey, el creador de la teoría del crecimiento óptimo, consideraba que no descontar los disfrutes más lejanos en comparación de los más próximos carecía de sustento ético y reflejaba más bien una debilidad de nuestra imaginación. Esta obra es una introducción ilustrada a tan interesante debate. El gran valor de este trabajo, además del rigor académico y la claridad conceptual con que se plantea el tema, es que el autor logra develar la articulación entre la problemática ambiental y la tasa social de descuento obtenida a partir del costo de oportunidad de la inversión pública.
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El tema social se halla actualmente en el centro del escenario histórico de América Latina. Se suceden desde las más variadas fuentes los llamados de alerta sobre la magnitud y profundidad de los problemas que sacuden a la región en el campo social. La mayor reunión de Presidentes del Continente, la cumbre hemisférica (Santiago de Chile, 1998) consignó en su declaración final, suscrita por todos los mandatarios, que “superar la pobreza continúa siendo el mayor desafío confrontado por nuestro Hemisferio”. Caracterizando algunos de los principales problemas existentes, los Presidentes indicaron “estamos decididos a remover las barreras que deniegan a los pobres el acceso a nutrición adecuada, servicios sociales, un medio ambiente saludable, créditos y títulos legales sobre su propiedad”. El Secretario General de la CEPAL, José A. Ocampo resaltó (1998) sobre la situación que “siguen aumentando los niveles de pobreza absoluta, los niveles de desigualdad no muestran mejoría y sigue aumentando el empleo en el sector informal”. El Presidente del BID, Enrique V. Iglesias ha destacado (1997) que “el proceso de cambio ha dejado sin resolver en la gran mayoría de los países un tema central: la pobreza crítica y la mala distribución del ingreso”. El Banco Mundial ha hecho continuos señalamientos sobre la gravedad del problema: “América Latina es notable como una región en la que la pobreza, particularmente la pobreza absoluta, no registra mejora alguna” (Burki, 1996), e indicó en reciente conferencia internacional sobre la región (Chile, 1999), los riesgos que corría la democracia en tales condiciones.
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Aunque en Costa Rica no se ha seguido en los últimos quince años una política económica neoliberal a ultranza, sino una “a la tica”; todo el debate económico y el accionar del sector público durante este período ha sido permeable a la lógica del ajuste estructural. Pero la actual encrucijada obliga a “tirios y troyanos”, a críticos y defensores del ajuste, a superar este enfoque aún predominante. Independientemente de los logros y fracasos acumulados desde 1983 hasta la fecha, en el campo económico y social, el país debe, urgentemente, realizar un “viraje estratégico”, pues la sensación de estancamiento o lento crecimiento de los últimos años se ha convertido en cruda realidad, con el agravante de que ya no podemos seguir viviendo del pasado. En el texto se aborda la problemática nacional en las siguientes cinco áreas:Estabilidad macroeconómica: sin ser artificial, continúa siendo frágil, dependiente en alto grado de la entrada de capitales externos y arrastrando una crisis fiscal latente que recurrentemente estalla. Esto en gran parte se explica por los rasgos de inestabilidad estructural que aun persisten.Gobernabilidad y Reforma del Estado: el estilo de gobernabilidad moldeada durante el período 1950-1975 ya no es viable, y la vacilante reforma del Estado está contribuyendo solo de manera precaria a construir nuevas formas de gobernabilidad acordes con las exigencias de las modernas sociedades democráticas. La gran tarea por delante es reconstruir un Estado estratégico y solidario; que facilite la irrupción de la sociedad civil en la vida pública nacional.Transformación productiva y competitividad: avanza, pero sin un rumbo claro y seguro, pues se adolece de una estrategia nacional de desarrollo de la competitividad internacional, que supere prácticas anticuadas de intervención estatal y viejos pero maquillados dogmas antiestatales que conducen a visiones parciales sobre el papel de las empresas y del Estado en este tipo de estrategias.El modelo exportador y el papel de la inversión extranjera: su impresionante dinamismo de los últimos años “suma” pero no “multiplica” la creación de riqueza nacional. Faltan criterios estratégicos que permitan potenciar los efectos positivos de la IED sobre el aparato productivo nacional y la creación de empleos de alta calidad, evitando que la misma promueva modelos de exportación tipo enclaves.Los recursos humanos y el sistema educativo: a pesar de que existe un alto consenso de que el conocimiento será el principal “factor de producción” del futuro y la fuente más importante de la competitividad de empresas y países; el sistema educativo costarricense enfrenta serias amenazas y debilidades que impiden convertirlo en el valuarte de la transformación productiva y social que el país requiere, en pos de lograr un mayor desarrollo humano.A partir de este diagnóstico surgen una serie de tareas y desafíos que como país podemos enfrentar exitosamente, si dejamos atrás dogmas económicos obsoletos y si superamos la incapacidad de construir grandes acuerdos nacionales. No hacerlo sería condenarnos a un eterno subdesarrollo. El documento termina con un pedido para dejar atrás definitivamente la era del ajuste estructural y relanzar una nueva era de desarrollo productivo, social y humano.
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Tese (doutorado)—Universidade de Brasília, Centro de Desenvolvimento Sustentável, 2013.
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La política social está nuevamente de moda. Hace unos años, eran la estabilización y el ajuste los temas que dominaban la literatura, los debates y hasta las conversaciones de los economistas. Hoy, es cada vez más frecuente la referencia a la pobreza, el costo social del ajuste, el rostro humano de la política económica, el gasto social, la salud, la educación, en fin, todos aquellos temas relativos a la calidad de vida y el desarrollo humano. A diferencia del pasado, sin embargo, este redescubrimiento de los objetivos sociales del desarrollo no olvida, sino que parte precisamente del reconocimiento de las limitaciones materiales y financieras que enfrentan las sociedades menos desarrolladas. La discusión actual busca redefinir el sentido de la política social en los tiempos del ajuste o, si se quiere, redefinir los procesos de ajuste a la luz de su verdadero objetivo: el desarrollo social.
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Desde Malthus el debate sobre las interrelaciones entre población y crecimiento económico han estado signadas por profundas discrepancias en cuanto al sentido e impacto de su acción recíproca de causa y efecto.Las preocupaciones de Malthus se centraron básicamente en el conflicto que él percibía entre el crecimiento de la población y el aumento de los bienes de subsistencia. En la etapa moderna, se ha tendido a visualizar el problema desde la óptica de las relaciones entre el crecimiento poblacional y el incremento del Producto Interno Bruto (PIB) o el ingreso agregado por habitante.En el abordaje de estos asuntos, básicamente se han decantado dos posiciones. Una de corte poblacionista que al asumir la población como el principal recurso con que cuentan las sociedades para su desarrollo postula que el crecimiento demográfico incide favorablemente en el proceso de desarrollo. Alternativamente, surge un conjunto de interpretaciones que apuntan a que una disminución en el ritmo de crecimiento poblacional puede incidir de manera favorable en la economía y la reducción de los niveles de pobreza.
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A las puertas de un nuevo milenio, el tema de la pobreza y su erradicación aparece como punto central de la agenda del desarrollo. Las cifras disponibles indican que una quinta parte de la población mundial padece condiciones de pobreza en términos de insuficiencia de ingresos para acceder a un nivel de vida decente. Por otra parte, si nos atenemos al más reciente indicador multidimensional sobre la pobreza elaborado por el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas, el Índice de Pobreza Humana (IPH), un 37% de los residentes en países en desarrollo no disponen de la capacidad básica o mínimamente esencial para llevar una vida libre de condiciones de morbilidad evitables, mantenerse informado y acceder a la educación, gozar de condiciones saludables y disfrutar de adecuadas condiciones nutricionales. En el caso costarricense, a pesar de los significativos logros que se registran en el campo social y del desarrollo humano, la pobreza persiste como realidad lacerante para uno de cada cinco hogares.A nivel mundial, regional y nacional se ha avanzado bastante en el conocimiento de diversas facetas de la pobreza en tanto insuficiencia de ingresos e insatisfacción de necesidades básicas, predominando las aproximaciones de corte cuantitativo, muchas de ellas con altos niveles de sofisticación instrumental.
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Este artículo es una versión ligeramente modificada de un trabajo escrito a finales de 1994 a solicitud del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), para ser incluido en una publicación que contendrá los análisis retrospectivos de los procesos de desarrollo social de varios países en desarrollo. Se trata de países que, como Costa Rica, han logrado avances significativos en los niveles de bienestar de sus poblaciones, a pesar de sus históricas limitaciones estructurales.La principal pregunta que se busca contestar en el artículo se podría plantear de la siguiente manera: ¿cómo fue posible que ese pequeño país que es Costa Rica, con una economía típica del capitalismo periférico, pudiera alcanzar niveles de calidad de vida más cercanos a los de los países industrializados que a los de los países en desarrollo, a pesar de que el producto económico que genera no supera el nivel medio-bajo en el contexto internacional?Para abordar esa cuestión, se ofrece una interpretación de los rasgos esenciales del proceso de desarrollo social que ha experimentado el país desde la mitad del siglo veinte hasta principios de la década de los noventa. También se analizan los factores que han hecho posible ese proceso, se resaltan los principales instrumentos institucionales que lo han impulsado, y se discute sobre su sostenibilidad futura.
Resumo:
A un paso de terminar el siglo XX, nos proponemos hacer una revisión rápida, desde 1996, a los resultados de las políticas sociales aplicadas especialmente en los años 90. Se pretende determinar si hay resultados que muestran un avance hacia un desarrollo humano sostenido en nuestro país en materia de salud, educación, ambiente y, en general, en calidad de vida.El propósito de la política económica supone efectos concretos que buscan aumentar el bienestar de la sociedad en la búsqueda de la equidad y la justicia social. Sin embargo, entre el supuesto y la realidad casi siempre existe un abismo que afecta a la mayoría de la población, persistiendo una injusta distribución de la riqueza, que hace resaltar la injusticia social y la inequidad. Mientras esta realidad persista, la economía estará divorciada de un desarrollo humano sostenido, meta principal de cualquier modelo de desarrollo.