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Del oficio de construir la arquitectura (Notas del inventario escrito de un arquitecto fin de siglo)
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El dilema de la política acerca del sujeto universal de la revolución y del cambio social se mantiene en la forma de una pregunta nunca resuelta satisfactoriamente por las diversas organizaciones y expresiones de la izquierda vernácula: ¿liberación de las mujeres y los hombres o liberación de la "humanidad"? Este interrogante no es nuevo ni responde solamente a la complejización de la categoría "sujeto" propia de las filosofías más actuales; fue planteado por algunas mujeres al interior del anarquismo local de fines del siglo XIX. Respondiendo a la convocatoria masculina comprometida con la emancipación de la mujer, las anarquistas sostienen un diálogo en el que se evidencia la construcción de un sujeto de la política ineludiblemente generizado. Los términos de ese debate continúan siendo inquietantemente actuales. A partir de las más recientes críticas al pensamiento de la filosofía política clásica se vuelve difícil pensar un sujeto esencial de la historia, anterior a su entrada a la cultura, y ni siquiera un cuerpo biológico en espera de su significación social. En este sentido, la identidad es una práctica significante en un campo cultural determinado a partir de ciertas reglas, en parte derivadas de una matriz jerárquica que asocia diferenciaciones de género y heterosexualidad obligatoria. Esta asociación explicaría la centralidad de las discusiones acerca de la procreación, las relaciones afectivas o el ejercicio de la sexualidad tanto en el viejo anarquismo como en las más recientes expresiones anticapitalistas. Sin sujeto anterior al campo de disputa que lo constituye, la política se expande por sobre la representación o la búsqueda de reconocimiento y de derechos. En este sentido, una actividad política posible sería identificar las estrategias de repetición subversiva válidas para un campo determinado que provoquen desestabilización y desplazamientos.A fines del siglo XIX el anarquismo se supone una expresión de cambio radical. Sin reformas ni atenuantes propone la destrucción general del capitalismo y todas sus expresiones, desde la economía a las formas de relación afectiva. Los teóricos y propagandistas piensan en las mujeres y su necesaria emancipación de los roles a los que la crueldad del sistema las ha condenado. A esos modelos le oponen la mujer anarquista y para eso la llaman a la lucha. Sostenemos que la escritura por parte de las mujeres anarquistas en la Argentina del siglo XIX XX constituye una estrategia política, un ejercicio propiciado por un campo cultural específico en el cual la prensa anarquista es el medio de difusión, concientización y llamado a la acción por excelencia. En ese contexto, el lenguaje escrito no es un instrumento más de la práctica constitutiva, sino el espacio privilegiado en el cual el ejercicio de la escritura por parte de las mujeres se revela como una práctica subversiva potenciada por el estilo revulsivo del discurso. Sin esa práctica, el debate sobre la construcción de un sujeto político ineludiblemente generizado se hubiera perdido, otra vez, en la falsa estabilidad de un sujeto universal
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El dilema de la política acerca del sujeto universal de la revolución y del cambio social se mantiene en la forma de una pregunta nunca resuelta satisfactoriamente por las diversas organizaciones y expresiones de la izquierda vernácula: ¿liberación de las mujeres y los hombres o liberación de la "humanidad"? Este interrogante no es nuevo ni responde solamente a la complejización de la categoría "sujeto" propia de las filosofías más actuales; fue planteado por algunas mujeres al interior del anarquismo local de fines del siglo XIX. Respondiendo a la convocatoria masculina comprometida con la emancipación de la mujer, las anarquistas sostienen un diálogo en el que se evidencia la construcción de un sujeto de la política ineludiblemente generizado. Los términos de ese debate continúan siendo inquietantemente actuales. A partir de las más recientes críticas al pensamiento de la filosofía política clásica se vuelve difícil pensar un sujeto esencial de la historia, anterior a su entrada a la cultura, y ni siquiera un cuerpo biológico en espera de su significación social. En este sentido, la identidad es una práctica significante en un campo cultural determinado a partir de ciertas reglas, en parte derivadas de una matriz jerárquica que asocia diferenciaciones de género y heterosexualidad obligatoria. Esta asociación explicaría la centralidad de las discusiones acerca de la procreación, las relaciones afectivas o el ejercicio de la sexualidad tanto en el viejo anarquismo como en las más recientes expresiones anticapitalistas. Sin sujeto anterior al campo de disputa que lo constituye, la política se expande por sobre la representación o la búsqueda de reconocimiento y de derechos. En este sentido, una actividad política posible sería identificar las estrategias de repetición subversiva válidas para un campo determinado que provoquen desestabilización y desplazamientos.A fines del siglo XIX el anarquismo se supone una expresión de cambio radical. Sin reformas ni atenuantes propone la destrucción general del capitalismo y todas sus expresiones, desde la economía a las formas de relación afectiva. Los teóricos y propagandistas piensan en las mujeres y su necesaria emancipación de los roles a los que la crueldad del sistema las ha condenado. A esos modelos le oponen la mujer anarquista y para eso la llaman a la lucha. Sostenemos que la escritura por parte de las mujeres anarquistas en la Argentina del siglo XIX XX constituye una estrategia política, un ejercicio propiciado por un campo cultural específico en el cual la prensa anarquista es el medio de difusión, concientización y llamado a la acción por excelencia. En ese contexto, el lenguaje escrito no es un instrumento más de la práctica constitutiva, sino el espacio privilegiado en el cual el ejercicio de la escritura por parte de las mujeres se revela como una práctica subversiva potenciada por el estilo revulsivo del discurso. Sin esa práctica, el debate sobre la construcción de un sujeto político ineludiblemente generizado se hubiera perdido, otra vez, en la falsa estabilidad de un sujeto universal
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El dilema de la política acerca del sujeto universal de la revolución y del cambio social se mantiene en la forma de una pregunta nunca resuelta satisfactoriamente por las diversas organizaciones y expresiones de la izquierda vernácula: ¿liberación de las mujeres y los hombres o liberación de la "humanidad"? Este interrogante no es nuevo ni responde solamente a la complejización de la categoría "sujeto" propia de las filosofías más actuales; fue planteado por algunas mujeres al interior del anarquismo local de fines del siglo XIX. Respondiendo a la convocatoria masculina comprometida con la emancipación de la mujer, las anarquistas sostienen un diálogo en el que se evidencia la construcción de un sujeto de la política ineludiblemente generizado. Los términos de ese debate continúan siendo inquietantemente actuales. A partir de las más recientes críticas al pensamiento de la filosofía política clásica se vuelve difícil pensar un sujeto esencial de la historia, anterior a su entrada a la cultura, y ni siquiera un cuerpo biológico en espera de su significación social. En este sentido, la identidad es una práctica significante en un campo cultural determinado a partir de ciertas reglas, en parte derivadas de una matriz jerárquica que asocia diferenciaciones de género y heterosexualidad obligatoria. Esta asociación explicaría la centralidad de las discusiones acerca de la procreación, las relaciones afectivas o el ejercicio de la sexualidad tanto en el viejo anarquismo como en las más recientes expresiones anticapitalistas. Sin sujeto anterior al campo de disputa que lo constituye, la política se expande por sobre la representación o la búsqueda de reconocimiento y de derechos. En este sentido, una actividad política posible sería identificar las estrategias de repetición subversiva válidas para un campo determinado que provoquen desestabilización y desplazamientos.A fines del siglo XIX el anarquismo se supone una expresión de cambio radical. Sin reformas ni atenuantes propone la destrucción general del capitalismo y todas sus expresiones, desde la economía a las formas de relación afectiva. Los teóricos y propagandistas piensan en las mujeres y su necesaria emancipación de los roles a los que la crueldad del sistema las ha condenado. A esos modelos le oponen la mujer anarquista y para eso la llaman a la lucha. Sostenemos que la escritura por parte de las mujeres anarquistas en la Argentina del siglo XIX XX constituye una estrategia política, un ejercicio propiciado por un campo cultural específico en el cual la prensa anarquista es el medio de difusión, concientización y llamado a la acción por excelencia. En ese contexto, el lenguaje escrito no es un instrumento más de la práctica constitutiva, sino el espacio privilegiado en el cual el ejercicio de la escritura por parte de las mujeres se revela como una práctica subversiva potenciada por el estilo revulsivo del discurso. Sin esa práctica, el debate sobre la construcción de un sujeto político ineludiblemente generizado se hubiera perdido, otra vez, en la falsa estabilidad de un sujeto universal
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Con la biotecnología se “descubrió” que hay plantas que pueden servir como fuentes de recursos genéticos especiales, tales como moléculas o compuestos químicos generados naturalmente. Dichos recursos genéticos pueden utilizarse como productos naturales
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La crisis de fin de siglo que caracteriz?? el avance de la industrializaci??n y urbanizaci??n, as?? como la rearticulaci??n ideol??gica e intelectual traspas?? las fronteras de los pa??ses y vio proliferar las redes reformistas transnacionales. La reforma escolar y el debate sobre la educaci??n tomaron pronto una dimensi??n transatl??ntica, abarcando las Am??ricas y Europa, con influencia poco despu??s de los intelectuales e ide??logos ligados a la revoluci??n bolchevique. En este contexto el 'Bolet??n de la Instituci??n Libre de Ense??anza' publico en 1898 la colecci??n de credos pedag??gicos. Se presentan los credos en el contexto del debate educativo de finales del sigo XIX y se ofrecen dos ejemplos del papel de 'My Pedagogic Creed' en las lecturas que se hicieron de Dewey.
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El optimismo es inevitable si se ha de hablar de educación. El proyecto de futuro debe diferenciarse de la educación misma. Lo que se puede aprender de las arriesgadas reducciones de la pedagogía del siglo XX, es la necesidad de anticipar el futuro por medio de proyectos pedagógicos, porque así pueden expresarse simbólicamente los potenciales de esperanza. Sólo de esta forma se puede lograr una cierta confianza en el futuro imprevisible. Esta confianza no se puede ya articular en ninguna manera de antipedagogía, basada en el fin de siglo. Pero lo nuevo en la dinámica intelectual y cultural iniciada así, es la relativización cada vez más acelerada de los propios conceptos. Resulta cada vez más difícil creer en proyectos de futuro para una educación mejor si se prevé que no se podrán realizar. La modernidad fue un proyecto pedagógico en unas circunstancias muy simples: definición estable del bien, teoría progresista de la historia, razón práctica y una subjetividad orientada hacia ella. El fin de siglo y sus prolongaciones postmodernas enseñan que estas circunstancias no existen ya. Pero ello, no representa una pérdida ya que se comprueba que el carácter de proyecto de la modernidad es inacabable y la educación y su teoría tienen que contar con ello. Lo peculiar de la modernidad está en permitir diferentes situaciones y en hacer de lo diferente la experiencia fundamental. Su carácter ambivalente no debe interpretarse sólo como escisión que pudiera superarse con el esfuerzo pedagógico. En el reside la norma de todas las posibilidades de pensamiento y acción que la modernidad ofrece ¿Pero puede adaptarse la pedagogía a esta situación? Cualquier respuesta imaginable que se ofrezca sólo podrá presentarse en forma axiomática. Sería decisiva la introducción de nuevos axiomas sin eliminarlo todos. Así, procede el juego de la pedagogía de la cultura, etcétera, porque pudieron hacer posible su modernidad sin abandonar el pensamiento pedagógico. Este, quedó adaptado a nuevas situaciones teóricas ¿Por qué no ser en la postmodernidad?.
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Desde 1876 hasta sesenta años después se observa la vigencia de algunos de sus presupuestos educativos, tanto los referentes a la estructura del sistema de enseñanza como los pedagógicos. Es de lamentar que la denuncia que de la realidad educativa española formularon respectivamente, tenga todavía validez en nuestros días en lo que se refiere a los aspectos cualitativos, autonomía universitaria, profesorado suficiente y preparado, enseñanza individualizada, etcétera, y aún a algunos cuantitativos. Podrá objetarse que las peticiones de una enseñanza básica prolongada y única, la concepción del proceso educativo como un desarrollo coherentes en el que los niveles inferiores preparen, y no sólo precedan a los superiores, la necesidad de educar al niño desde los primeros años de su infancia, son propuestas muy anteriores todas a fin de siglo. Demasiados años después el Libro Blanco señalará que el contexto del sistema actual no difiere mucho del que se estableció a lo largo del siglo XIX y primeros lustros del XX, cuando las características, tendencias y necesidades de la sociedad eran muy distintas de las actuales. A esta estructura tradicional se le han ido añadiendo algunas modalidades nuevas, como apéndices superpuestos, pero sin la integración orgánica que reclama el carácter global y unitario que debe tener el sistema educativo. Tanto por lo que se refiere a la capacidad de crear centros escolares necesarios para una escolarización suficiente, que sólo en 1902 se hizo obligatoria hasta los doce años, como para crear un profesorado preparado y dedicado de lleno a la enseñanza, el sistema educativo se mostraba ineficaz. Lógico si la administración educativa no se concretizó en un Ministerio de Instrucción Pública hasta 1900 y cuando recibió partidas irrisorias en los presupuestos generales del estado y comparando la educación con la de otros países, en España prácticamente estaba abandonada. La institución desde su nacimiento, no era ni podía ser una alternativa a las deficiencias del sistema educativo. Los hombres que se agruparon a su alrededor, sin embargo, la concibieron como un centro de influencia y propaganda de las reformas paulatinas que fueron realizando. Esta influencia fue posible desde el momento en que sus hombres entraron en contacto con la administración educativa, encontrando el apoyo necesario. Así, surgió el Museo pedagógico, La Escuela Superior de Magisterio, la Junta para la Ampliación de Estudios y la creación del propio Ministerio de Instrucción. Es cierto, que los institucionistas no concebían al estado como dispensador y gerente final de la instrucción. Les interesaba la clase obrera, el problema social entendido como un problema global y era en gran medida, según los institucionistas, una cuestión cultural. Se trataba de educar a la sociedad entera para que esta se estructurase armónicamente de forma que cada uno de los elementos de la organización social se desarrollase de acuerdo con su naturaleza. Pero ¿A quien le interesaba que la clase obrera fuera instruida e integrada en la sociedad? No a la oligarquía sobre la que se asienta la Restauración y si a la burguesía, apartada del poder político, por la oligarquía dominante. Si atraía a la clase obrera podría alcanzar o compartir el poder político. Si las propuestas reformadoras se hubiesen llevado a la práctica nos hubiéramos encontrado frente a una concepción liberal-meritocrática de la sociedad y del propio papel de la educación. Concedidas las mismas oportunidades a todos los individuos, el sistema educativo tiende a reflejar y consolidar las diferencias producidas en el seno de la sociedad. Es por ello, que la reforma educativa no puede ser sustituida por la reforma de la sociedad. Eran dos alternativas distintas las que afrontaba la transformación de esta última.
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Analizar los aspectos más representativos de la educación en Zamora en la segunda mitad del siglo XVIII. Archivo de Mitra de Zamora, Archivo Histórico de la Diputación Provincial de Zamora, Archivo Munincipal de Zamora y publicaciones. Revisión documental. Análisis de contenido. A lo largo del siglo XVIII aparecen en Zamora apoyados y sugeridos por el poder central instituciones encargadas de recoger ociosos, con la finalidad de limpiar las calles de estas gentes. La institución somete a los sujetos a una disciplina dura, dentro de sus recintos, con los tiempos organizados y con dedicación a tareas productivas, mediante el uso de la disciplina. Consigue una normalización de las costumbres sociales y respeto a las noirmas, faciitanto el control de aquellos sujetos localizados al margen de la sociedad. La sociedad mediante estas instituciones se asegura que cada sujeto se ocupe en una actividad productiva y a la vez útil para la subsistencia del individuo. El valor de la escuela como espacio disciplinar dentro de estas instituciones cobra importancia en las últimas décadas de fin de siglo XVIII: La educación es dirigida hacia el propio cuidado del sujeto y a fomentar un respeto a la Patria, al Rey, a la Iglesia y al resto de los ciudadanos mendiante la enseñanza de un trabajo. El estado va ganando terreno a la iglesia y a las instituciones asistenciales pasando a ser el responsable de la gestión de estos centros en lugar de la iglesia. Durante este siglo se produce un cambio de poderes, convirtiéndose las instituciones en nuevos centros de poder, encargados de la educación y reorientación de los ciudadanos marginales para que sean útiles al país, dentro del sentir general de la Ilustración. La investigación realizada indica la situación en la que se encontraba Zamora en la segunda mitad del siglo XVIII, realiza un análisis sociocultural y económico de la población tanto de la ciudad como de la provincia. El espíritu ilustrado de fin de siglo hace que se creen en Zamora instituciones dedicadas a la infancia abandonada, la ilegítima, las mujeres de vida licenciosa, pobres, vagabundos. Los programas desarrollados en las instituciones tienen por objetivo la reinserción social de las clases marginales. Dentro de éstas se desarrollan programas educativos que evidencian el interés existente por la educación como herramienta de cambio y se ponen en marcha planes de aprendizaje de oficios, siguiendo los moldes medievales, para trabajar en las propias fábricas de las instituciones. La reinserción social junto con la intencionalidad moralizadora es un común de todas las instituciones creadas bajo los auspicios de la Iglesia y que posteriormente pasan a manos del Estado. La Ilustración se interesa por la formación del niño abandonado y el desarrollar la capacidad de ser útil a la sociedad; así la escuela forma parte de las instituciones con las deficiencias de los maestros artesanos que dirigían su enseñanza más al aprendizaje de oficios que al desarrollo de las capacidades intelectuales del individuo. La investigación utiliza la perspectiva foucaultiana, según la cual la sociedad burguesa elabora desde sus inicios técnicas de control y vigilancia por todo el cuerpo social, fundamentalmente en instituciones dedicadas a la beneficencia. La investigación finaliza con el interés de aplicar estas hipótesis al siglo XIX.
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La evolución de la maquinaria agrícola en el siglo XX ha sido tan espectacular que, de los tres grandes avances habidos a lo largo de la historia de la maquinaria agrícola, dos de ellos podemos considerar que marcan el comienzo y el fin del siglo XX. El primer avance fundamental se dio el día en que el hombre que removía la tierra golpeándola con una herramienta tipo azada decidió avanzar con ella introducida en el suelo venciendo la fuerza de tiro. Nació así el arado en un tiempo indeterminado de la prehistoria. Esa primera máquina y las pocas que en muchos siglos después se diseñaron para trabajar la tierra estaban accionadas por esfuerzo muscular, ya fuera el del hombre o de los animales de tiro. El siguiente paso decisivo, que libra al hombre de la necesidad de contar con fuerza muscular para trabajar el campo, se dio al aplicar a la agricultura la energía generada por motores que consumen combustibles. Aunque a lo largo del siglo XIX se construyeron máquinas de vapor estacionarias denominadas locomóviles que, mediante un juego de cables y poleas, conseguían tirar de los arados, su uso fue escaso y los agricultores no se libraron de seguir con su collera de muías o yunta de bueyes. Sin embargo, la construcción del primer tractor con motor de combustión interna, debida a Froelich en 1892, marca el inicio de la actual tractorización. A partir de ese momento, tanto el tamaño de las máquinas como el de la superficie trabajada por un agricultor pueden crecer, porque es la energía desarrollada por un motor la que realiza los esfuerzos necesarios. Esta fecha de 1892 podemos considerarla el inicio del siglo XX en maquinaria agrícola. Por último, en época reciente estamos asistiendo al empleo de dispositivos electrónicos e informáticos en las máquinas, los cuales miden diversas variables relativas al trabajo que desarrolla, guardan la información en registros e, incluso, deciden cómo debe comandarse la máquina. No sólo estamos liberados de realizar esfuerzos, sino también de mantener toda nuestra atención en el trabajo y tomar decisiones en función de las características del terreno, cultivo, etc. Estas técnicas, que a nivel de investigación y prototipo existen desde los años 90, marcan el inicio del siglo XXI en el que es de esperar que se difundan. Por tanto, ya tenemos encuadrado el siglo XX como el periodo comprendido desde que el esfuerzo para trabajar la tierra deja de ser muscular hasta que el cerebro que toma las decisiones podrá dejar de ser humano.
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O artigo compreende uma vis??o cr??tica sobre os processos de reestrutura????o do Estado baseados na l??gica neoliberal, que caracterizam as reformas minimalistas da d??cada de 80. O tema da reforma do Estado ?? visto como um dos grandes desafios intelectuais e pol??ticos deste fim de s??culo, devendo necessariamente ser contextualizado historicamente, uma vez que n??o existe uma ??nica crise do Estado, mas v??rias crises dos Estados espec??ficas e particulares, cujas solu????es n??o s??o ??nicas nem universais, mas dependentes do diagn??stico de cada caso. Entende-se que a raz??o desestatizante apresenta limita????es, reconhecidas at?? mesmo pelas institui????es financeiras internacionais que antes a defendiam. O cen??rio de um novo modo de atua????o estatal ?? apresentado como mais prov??vel, sendo o conceito de reestatiza????o mais adequado para as mudan??as que se fazem necess??rias.
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Las instituciones asociadas al hecho literario han reservado a la escritora cubana Juana Borrero (1877-1896) la categoría de “mito”. La presente lectura de su valioso Epistolario privilegia una mirada psicológica que desarticula los principales tópicos que han favorecido el mito. Con ese fin, se ha contextualizado a Borrero en la literatura hispanoamericana y cubana del XIX; se han reevaluado algunos tópicos biográficos y críticos; y se han delimitado los principales componentes de su discurso epistolar: las claves psicológicas de su subjetividad, las estrategias de seducción y autoafirmación, las cartas como collage de emociones, la retórica del discurso y del mito amoroso, y la retórica de la corporalidad. Finalmente, se proponen nuevas imágenes para la autora a partir del comparatismo con otras imágenes femeninas de fin de siglo europeo e hispanoamericano.
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Resumen tomado de la publicaci??n